Hace unos días me enlazaron en un blog para que participara en un trabajo o algo que están realizando unos alumnos de periodismo, si no me equivoco. He estado hasta arriba últimamente de trabajo, y ahora, en un huequecito que tengo, pues lo voy a escribir. Todo sea por ayudar. Pues bueno, ahí va:
- Primera y urgentemente callaría a la vecina del tercero que yo no sé lo que hace esa mujer en su casa pero a las tantas de la noche se pone a hacer ruidos extraños, arrastrar muebles, y a veces da la sensación de que lanza canicas o algo al suelo… vamos… que la señora no se está quieta en ningún momento. Bueno, y eso sin nombrar las discusiones que tiene con su hija (de unos 25 años), que tienen poco que envidiar a las de nuestros queridos políticos Rajoy y Zapatero.
- Segundo: Aprovechando las fechas en las que estamos, me gustaría mandar a callar a todos aquellos que sonríen falsamente al cruzarse contigo por la calle, a aquellos que no gozan de verdaderos amigos, sí, a aquellos, porque sus amigos son tan falsos como ellos, que un sábado noche se paran, te dan dos besos y te dicen “Feliz Navidad”. Sí a aquellos. ¿Por qué se transforma la gente en Navidad? ¿Es porque quieren aparentar ser felices, o porque se ven sólos y quieren hacer amigos a toda costa? Los amigos no se consiguen, ni se regalan; se construyen con cada gesto, cada palabra, cada mirada, a cada minuto…
Pero como considero que estas personas no se merecen ni siquieran mis palabras, pues ahí lo dejo. A ver si espabilan…
- Para terminar, mandaré a callar a todo el mundo. Sí, a todo el mundo. ¿Suena estraño, verdad? Quizás un poco paranoico. Pues eso. El pasado sábado estuve conversando durante toda la noche (unas 4 horas ininterrumpidas) con un chico que hacía unos dos meses que no veía puesto que estudia en Granada y yo en Sevilla. Antes del otro día no había hablado mucho con él pero la conversación del sábado me encantó aunque a muchas personas nuestra conversación le hubiera parecido un auténtico peñazo. Él me confesó que no hay mucha gente con la que hablar de esas cosas y se alegró también de que yo le escuchara. Bueno, pues voy al grano. Una de las frases que me dijo y que aún no he olvidado era algo así como: “yo hablo sólo cuando mis palabras sean más bonitas que el silencio”.
Pues eso, con esta bonita frase (al menos en mi opinión) concluyo este post, que espero que le sirva de ayuda a esos estudiantes de periodismo.