Hace unos días, cuando me disponía a ir de vuelta a casa, con paso lento pero firme, pensaba acerca de lo que acababa de escuchar. Había asistido a la presentación de una revista ( la revista Númenor) y a la presentación de un libro. Ambos, en La Casa del Libro. Por primera vez asistí a un acto de esas características sin compañía de ningún conocido. Pero eso es lo de menos, porque la verdad es que no siempre vamos a ir acompañados.
Y como siempre, tras escuchar varios poemas, pues se despierta la fina vena artística que creo que tengo. La cuestión es que, cerca del puente de Triana, llegando ya a mi casa, se me vino una frase/verso a la cabeza: Quizás la sombra reclame mis versos. Pero no sabía como seguir. Así que ahí se quedó.
De la presentación del libro me quedé con unas palabras que me han dicho varias veces ya, pero a la que yo no le había hecho caso, la verdad. Los acompañantes del poeta, resaltaron que éste, el gran paso que dio para convertirse en quien es ahora, es creerse poeta. Al oír estas palabras, se me dibujó una sonrisa en los labios, y pensé en alguien que hace nada más que repetirme que debo creerme poeta.
Remontándome otra vez al verso escrito arriba: Quizás la sombra reclame mis versos, decir que pienso que la sombra ya se ha llevado muchos, por no decir todos mis versos, y que esta misma frase, me hizo pensar que ya es hora no sólo de escribir como es debido, sino a aprender a ser poeta, si es que acaso se puede aprender.