Esta tarde mientras intentaba despertar de la primera siesta del fin de semana, se me ha ocurrido algo. Por un momento estaba pensando en todo lo que tenía que hacer este fin de semana aquí, en Sevilla, repasaba mentalmente las asignaturas que tenía que mirar. Podología física es una de ellas, aunque la parte en la que estamos ahora es física pura, y me gusta poco, la verdad (lo mío en el instituto era la química). Entonces, de repente en un flash, se me han juntado varias cosas que tenía en la cabeza y entre ellas ha surgido conexión.
Volviendo a la Física, uno de los principios más importantes y conocidos es que la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. La cuestión es que he llegado a la conclusión de que esto no ocurre solamente con la energía, pues también ocurre con otros aspectos, como pueden ser los sentimientos hacia una persona. Aunque, ahora que lo pienso, ¿ no son los sentimientos pura energía? Puede que sí, y yo no he caído hasta este momento. De todas formas, seguiré planteando aquello por lo que empecé a escribir hoy esta entrada.
Y es que, aunque en realidad la transformación ocurrió hace tiempo, ha sido ahora cuando he sentido la capacidad de escribirlo. Se puede querer a mucho a una persona, pero con el tiempo le quieres de manera distinta, quizás hasta le quieras más, pero ahora de otra forma. He oído algunas veces oír a mis tíos que ellos ya son como hermanos, que se quieren pero ya la edad y la monotonía hacen que sea de manera distinta. Cuando se usa una energía demasiado tiempo y de forma incorrecta, acaba degradándose. No hay que darle vueltas de hojas. Simplemente es así.
Aunque la energía no sólo se degrada. En ocasiones especiales puede ocurrir una especie de Big-Bang y si eres afortunado, como muchas personas hemos sido ya, puedes ser testigo del nacimiento de un sentimiento antes inexistente hacia otra persona. Este sentimiento no tiene por qué ser amor, puede ser simplemente amistad. Una gran amistad.
El pero de esta cuestión es que a veces la explosión produce tal destello que nos deja a ciegas por un tiempo (sobre todo cuando el sentimiento se trata de amor). Pero como todo en esta vida, eso también es pasajero, y como ocurría en El mito de la caverna de Platón al final el ser humano logra acostumbrar su vista tanto a la luz, como a las sombras.
El compañerismo, la amistad, la empatía, el amor -el amor pasional, el amor sereno- son valores inapreciables en el mundo hedonista y mercantil que nos toca. Una vez resueltas las necesidades mínimas –¡pero mínimas, mínimas!- de salud biológica y de recursos económicos, lo que más importa es el sentimiento afectivo en todas sus formas. Le sigue la comunicación, con la que el afecto se relaciona. Me llega de gozo –expresión tan cursi como precisa- que la gente a la que valoro y en su medida aprecio, tenga resuelta esta necesidad que a la vez satisface la de las personas queridas. Y se puede crear y dar en cantidades ingentes a partir de un poco bondad y algo de inteligencia.