La imagen de cabecera que estreno hoy se trata de un monumento de Palma del Río, pueblo en el que vivo – ahora sólo algunos fines de semana- , y del que me siento perteneciente. Ya no sólo por ser cómo es, sino porque en cada rincón, cada parque, cada calle, descansa una parte de mí. Los momentos aquí vividos quedan en mi memoria y a veces, me gusta recordárselos a mis seres queridos, para recordarles a ellos y a mí misma, cuál es el lugar del que vengo y del cuál, de una manera o de otra, no debo separarme.
Se trata de un arco de piedra, que está unido al recinto amurallado y aunque un poco deteriorado, aún sigue en pie. Se puede localizar en la Plaza de Andalucía, a la que también pertenece la Casa Consistorial. Si penetramos en el arco, nos encontramos de frente con la Iglesia de la Asunción , y a su lado, al Convento de Santa Clara, recientemente restaurado. Efectivamente, es el casco antiguo de la ciudad.
Esta parte es la más importante para mí, puesto que cerca de allí, también se encuentra mi hogar, la antigua casa en la que he vivido durante mis casi diecinueve años ya y en la que hoy en día aún me encuentro.
Este barrio, mi barrio, ha sido fuente de inspiración para algunos de mis poemas, y también para uno en concreto, que es muy especial para mí, y con el que me emociono aún al leerlo en voz alta.
A la izquierda de la imagen se encontraría una pequeña fuente. Está situada en el centro de la plaza y ha sido testigo de celebraciones, de momentos imborrables en los que nos encontrábamos toda la familia reunida, y de tantos otros… Esta fuente también tiene para mí un significado especial. Y aunque esté rota, aunque a veces sólo emerja de ella un pequeño chorro de agua, aunque siga luciendo sus desconchados alicatados, siempre será “mi fuente” y su transparente agua me seguirá guiando, sin duda, por los caminos que deseo transitar con todas mis fuerzas.
[...] Acerca de la imagen [...]